Diariamente todos estamos expuestos a la radiación ionizante. Nos llega de fuentes tan diversas como materiales para construcción de casas y carreteras, vidrio y cerámica, agua y alimento, tabaco, combustibles, gas natural, sistemas de rastreo en aeropuertos, el uranio en la porcelana usada para dentaduras y coronas, detectores de humo y rayos X para diagnóstico.
La radiación que nos rodea contribuye aproximadamente con la mitad de nuestra dosis anual, alrededor de 80 mrem por año, dependiendo en dónde y cómo vivimos. Esta radiación proviene de la tierra, del espacio y de los constituyentes radiactivos naturales de nuestros cuerpos. Por ejemplo, los rayos cósmicos que se originan en el espacio exterior proporcionan alrededor de 30 mrem por año, pero debido a que la atmósfera de la tierra absorbe radiación y nos protege, esta dosis puede variar, según vivamos al nivel del mar o en las montañas. A mayor altura, mayor es la radiación que recibimos. Las personas que viven en el D.F., están más expuestas a los rayos cósmicos que las que viven en Veracruz; las personas que vuelan de la ciudad de México a Nueva York aumentan su dosis anual a razón de 4 milirems por cada viaje.
La radiación natural en la tierra y en las rocas nos da una dosis promedio de mrem por año. Por ejemplo, el habitar en una casa de ladrillo o piedra nos expone a 7 mrem más por año que si habitáramos en una casa de madera. El gas radón que surge del radio natural contenido en los materiales para construcción, también está
presente en las casas y oficinas y emite más radiación. Aun el dormir junto a otra persona aumenta la dosis de radiación, ya que cada cuerpo contiene potasio radiactivo. Este potasio radiactivo, que existe normalmente junto con el potasio normal que es esencial para la vida, también nos proporciona una dosis de radiación interna. La radiactividad natural también se introduce en el cuerpo y estas radiaciones internas llegan a la mayoría de los tejidos corporales, en una cantidad aproximada de 18 mrem por año. Tanto el alimento, como el agua y el aire contienen niveles bajos de radiactividad natural y esto ha sido así desde el inicio del mundo.


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